domingo, 5 de marzo de 2017

El mal es tentador. Y es más hábil que el bien. Es atractivo.

                                                                               Por: JOSE LUIS ARISTA TEJADA.

¿Nos hemos puesto a pensar en algún momento, de porqué es más fácil que los seres humanos, seamos propensos a caer una y otra vez en algo que sabemos no está permitido? No está permitido porque causa daño a uno mismo y daño a los demás, porque de ello surgen un sin número de problemas que luego acaban por destruir toda una vida, toda una sociedad, todo un planeta, e incluso todo un universo entero; entonces, ¿porqué ser colaboradores del mal?
Alguien me dio como respuesta la siguiente: Porque el mal es tentador, y es más hábil que el bien. Es atractivo. Provoca. Te ofrece cosas mejores que el bien en tan corto plazo y hábilmente te convence, desde tu lado más débil: tus hábitos y tu forma de pensar.
Efectivamente, el mal se vende como pan caliente, se publicita tan bien, disfrazado de todos los colores, que ante nuestros ojos y nuestra forma de ser, cautiva y promete mejores condiciones de vida.
Seguramente en algún momento hemos sido testigos o incluso victimas de algunas personas que se dedican a recorrer las calles o a visitar las casas con el fin de ofrecernos sus servicios o productos y sin que hayamos entrado en razón, si en verdad necesito dicho producto, ya lo hemos adquirido para luego darnos cuenta que no era necesario hacerlo, porque no se lo requería.
¿Cómo pasó? ¿Por qué me convenció? posiblemente porque el vendedor utilizó palabras bonitas y te exageró probablemente los beneficios y las ventajas de adquirir dicho producto, cuando en realidad es un producto igual o quizás peor de las que ya tienes.
Al igual que este hecho, el mal te convence ya no con palabras, si no con los deseos que albergas. El mal juega con tus deseos. Es así que, si deseas ser próspero, te dice: no te preocupes, yo te ofrezco hacerlo realidad lo más pronto posible si es que vas por este camino. Vuelves la mirada y ves el otro sendero y se muestra más difícil y te exige esfuerzo; entonces, hábilmente, el mal te atrae porque no has tenido el coraje de seguir el otro sendero por el cual vas a alcanzar las mismas y mejores cosas, pero que te pide que trabajes con dignidad y perseverancia.
Es mejor, ciertamente, hacer las cosas bien; pero, visiblemente, el ser humano, en la actualidad se encuentra en un tiempo de crisis moral. Es el tiempo de los deseos satisfechos, todos los deseos,  bajo los términos siguientes:
Soy niño y hago y pido lo que quiero. Soy joven y hago y exijo lo que quiero. Soy adulto y hago y escondo lo que quiero. Soy autoridad y hago y digo lo que quiero. Soy y soy… y hago lo que quiero.
Y está bien hacer las cosas que uno quiere, siempre y cuando, genere equilibrio y bienestar. Enaltezca la dignidad y la integridad de una persona, de lo contrario, ¡está mal! Estás haciendo mal las cosas.
Esto ha repercutido enormemente en la situación actual de nuestro país. Probablemente no seamos ejemplos a seguir ni como padres, ni profesionales, ni autoridades, ni como persona. El deseo incesante y desmedido de codicia, poder y comodidad, en el más corto tiempo, ha permitido que se deje de mirar nuestro alrededor y ver cómo es que nuestros deseos y forma de pensar con respecto al dinero y el poder, ha ido dañando cada vez más nuestra sociedad. Obviamente que, los beneficios del mal proceder, no perduran. Ya tenemos como ejemplo lo que está ocurriendo con los que tuvieron la oportunidad de aprovecharse de nuestra confianza y de nuestro país.
Tengo frente a mí una frase de Platón, que dice: El conocimiento se convierte en mal si la meta no es virtuosa. Y efectivamente, por más conocimiento que se tenga, por más títulos y doctorados, por más latos cargos que desempeñes, si nuestra meta no es virtuosa, es decir, si actúo con egoísmo, con maldad, con desenfreno; todo lo que sé, todo lo que tengo se convierte en mal.
Dentro de cada uno, está la semilla del bien y del mal. Demos una mirada entonces a nuestros deseos y formas de pensar, porque, el mal se aprovecha de ello para apoderarse de uno y conseguir lo que se quiere sin tener en cuenta si es lícito.
William Shakespeare, mencionaba que: El mal que hacen los hombres vive después de ellos. El bien es a menudo enterrado con sus huesos.-
Ya sabemos entonces que el mal es tentador, es más hábil que el bien y es atractivo; no obstante, el bien es mucho más beneficioso, aunque a un inicio no parezca serlo.
Intentemos pues, hacer el bien, y que nuestros deseos y pensamientos estén encaminados por bien, que así la vida es mucho más satisfactoria y tranquila.


JOSE LUIS ARISTA TEJADA. 

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