lunes, 3 de septiembre de 2018

Una sonrisa en fotografía.


Una sonrisa en fotografía.


Prof. Jose Luis Arista Tejada

Máximo tuvo que salirse del trabajo, al no poder cumplir con sus funciones, precisamente por sus achaques de salud; y, caminando de nuevo por las calles, un día, cuando por casualidad se encontraba en la esquina del jirón Grau y Amazonas, le preguntaron: ¡Máximo!... ¿Porqué estas triste? ¡Sonríe!... ¡Sonríe como aquel!..., señalando una gigantografía, pegada en la pared de una de las casas.
Máximo, alzó la mirada y observó que en aquella gigantografía, estaban impresos, los rostros de muchos personajes, candidatos al Gobierno Regional y a los Municipios.
Era época de campaña electoral. Comprendió entonces, lo que su amigo le quería decir; pues, lo más curioso y que llamaba la atención, era la sonrisa con que estos personajes querían mostrarse ante la población.  En las fotografías, volantes, afiches, calendarios, todos los candidatos estaban sonriendo.
Por las calles de la ciudad, a cada paso se encontraba con enormes gigantografías y afiches que promocionaban y exhibían a tal o cual candidato (varón o mujer), todos muy alegres y con la sonrisa en el rostro, una sonrisa en fotografía.
Comparó, Máximo, los rostros sonrientes de aquellos personajes, con el rostro de las personas que iban y venían por esa calle. No pudo apreciar, durante el tiempo que estuvo observando, un rostro sonriente, igual a los rostros de los candidatos.
De pronto, al estar observando aquellos rostros sonrientes en fotografía, Máximo se dio cuenta, que no era el único que estaba mirando las gigantografías y descubrió entre ellos la tristeza en el rostro de una de las personas. Era un hombre con aspecto de sufrimiento y dolor.
Máximo decidió, acercarse a aquella persona, para entablar conversación y así lo hizo. Quería saber qué es lo que opinaba, sobre los rostros sonrientes que se veían en las gigantografias. Quería saber porque es que estaba triste y lloroso.
Esta persona, al ser preguntada, respondió muy calmadamente.
Me estoy muriendo, me he sentido ser valiente al afrontar mi situación y me admiro a mi mismo por lo que he podido llegar hasta hoy. He llegado hasta hoy y eso me satisface. En cuanto a esos personajes, yo no los admiro porque sonríen. No los admiro por nada; pues no sufren como sufre tanta gente.
Sé que si yo no me hubiera esforzado por llegar hasta hoy, ya no habría podido verme con mis padres, hermanos y amigos. Tuve el privilegio de conocer todo lo que la vida puede dar y la desdicha de saber que la vida tiene un final. La vida mía se está acabando, es verdad que se está acabando y ya no me sorprende. Ya me he predispuesto para ello, a pesar de tener en mente, alcanzar algunos sueños que todavía no se hacen realidad.
Aun no sé exactamente cuánto de vida me queda, pero al ver que la situación de mi salud empeora, presiento que no será mucho tiempo. Lo que deseo decirte es, lo difícil que es vivir así. Es tan difícil que a punto de esfuerzo y esmero trato de pasar mis días como un día normal, sin embargo ya no lo es.
A veces ya no sé si es dolor, tristeza, alegría, melancolía, amargura o amor lo que siento. Ya no sé si es bueno para mí seguir aun con vida. No sé cómo afrontar esta situación; mas aun, no quiero que las personas que me quieren, me vean desfallecer; pues, también es duro para ellos que pasan situaciones difíciles.
Ya me voy despidiendo. Me despido de ti a quien acabo de conocer, de ella, de ellos, de todos. Tantas cosas he podido seguir haciendo, lo sé. He podido mejorar. Pero déjame decirte que una causa de mi desfallecimiento es que la sociedad se concentre más en enfermar que en sanar.
Así, con estas palabras, se expresó aquella persona que, Máximo se quedó perplejo sin saber que decir y que hacer frente a una gigantografía con rostros sonrientes y un rostro real, lleno de tristeza y dolor.

Tomado del libro "Lágrimas y Alegrías del Profesor Máximo" 
Autor: Jose Luis Arista Tejada

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